domingo, 5 de julio de 2009

Reflejos borrosos

Silencio, solo se nota silencio. Oscuridad y olvido la idea de ver en ella. Sabanas suaves y arrugadas debajo de mi piel, una tela ligera sobre mi cuerpo desnudo se mueve imperceptiblemente mientras una brisa que entra por la ventana me acaricia haciendo que me estremezca.
Ya no hay silencio, la vida de mi casa atraviesa mis tímpanos. Tampoco hay oscuridad, los rayos de sol pelean con mis párpados para llegar a mis ojos. No, lo intento todo para evitarlo, no quiero despertar. El sueño ha sido hermoso y plácido, demasiado hermoso para ser real, demasiado como para abandonarlo. Desearía no haber despertado, no haber dejado mi mundo perfecto de sueños y felicidad, tan dulce, tan apacible.

Por fin abro los ojos, me cuesta acostumbrarme a la realidad, me obligo a aceptar que las ultimas imágenes de mi mente son una gran mentira y que ahora tengo que luchar contra el mundo real.
Le levanto, desisto de vestirme y me dirijo al lavabo donde me lavo la cara con agua fría como el hielo, evito mirarme al espejo.
Tengo miedo de lo que pueda ver cuando levante la cara, tengo miedo de verme a mi misma. Lucho contra mi temor.
Descubro mis cambios. Han aparecido numerosas arrugas en mi frente, signo de constante preocupación, una es ya permanente entre ceja y ceja. Sombras azuladas por debajo de mis ojos descubren mi cansancio, mis mejillas han perdido el rubor, mis piel es pálida y seca, mis labios curvados hacia abajo y mis ojos vacíos y tristes, sin ánimo, sin fuerzas, sin deseos de continuar.
Cepillo mis cabellos rubios y finos, totalmente lisos cayendo por mi espalda y por mi pecho.
Echo una ojeada a mi cuerpo, y sigo sin entender cómo es posible que ellos lo deseen, mi pecho es pequeño, mis caderas anchas, no encuentro nada en mi apetecible.

Y aún así, han estado divirtiéndose conmigo, han intentado jugar conmigo y mis sentimientos, me han querido usar como a un objeto. Me han envejecido, hace tiempo ya que perdí la infancia, ya estaba perdiendo la adolescencia, pero ahora ellos han echo que me pierda a mi misma, no me reconozco al espejo. Busco a la joven que algún día fui, busco a la chica de 17 años que debería devolverme la mirada y solo encuentro una chica mayor, demasiado mayor para su edad pero demasiado joven para ser adulta, una persona cansada de todo, se la risa, de las lágrimas, de correr y caminar, de buscar y que la busquen, de necesitar y que la necesiten, de vivir y estar muriendo poco a poco.
Siento miedo, terror, porque ya no se quién soy, desconozco absolutamente qué deseo, qué camino seguir, y dejarse llevar es una frase que suena demasiado bien. Dejarse llevar, algo tan temido y deseado, porque es lo único que querría hacer pero le está prohibido. Soy incapaz, tanto tiempo reprimiendo mis sentimientos y emociones, tanto tiempo mostrando la mascara, levantando la muralla que rodea mi corazón y ahora todo se ha derrumbado, estoy indefensa.
Quiero decirles todo lo que siento y deseo, quiero volver a ser yo misma, o tal vez una yo misma nueva, quiero aprender tantas cosas nuevas, quiero que la risa brote de mi garganta, quiero volver a enamorar con la mirada, quiero que mi corazón vuelva a latir cuando mis ojos le encuentren, quiero aprender a dejarme llevar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario